“Puso Dios en mis cántabras montañas auras de libertad, tocas de nieve, y la vena del hierro en sus entrañas.”
M. Menéndez Pelayo.
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Cantabria es el país de los cántabros, y de ellos recibe su nombre. La primera mención histórica de la que se tiene noticia proviene de Marco Porcio Catón, quien en su libro Los orígenes (año 195 a.C.) dice que el río Ebro nace en el país de los cántabros.
En lengua celta la raíz “cant” significa roca, y el sufijo “abr” hace alusión a quienes viven en un determinado lugar. De este modo, cántabro viene a significar el que vive en las rocas, y por extensión, el que vive en las peñas, en las montañas.
Los cántabros eran los habitantes de las montañas, y dieron su nombre a Cantabria.
En las fuentes históricas de que disponemos encontramos referencia a un guerrero, posiblemente un caudillo, llamado Coroccotta, de carácter indómito y de atrevimiento inusitado. Es problable que hubiera logrado reunir bajos su liderazgo a la gran mayoría de las tribus de Cantabria y que su fama llegara a oídos del propio Augusto.
De hecho, como menciona Dión Casio:
“Augusto se irritó tanto con un tal Corocotta, bandolero muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de 200.000 sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no le hizo ningún daño y además le regalo aquella suma.”
Es comprensible el asombro de Augusto. Poco podía hacer para dominar a un pueblo cuyo cabecilla daba muestras de tal atrevimiento o de tal insensatez. Pero los auténticos héroes fueron todos y cada uno de los cántabros que intervinieron en la lucha.
A la historia han pasado bien detallados los ejemplos de valor y de amor a la libertad de unas gentes que fueron consideradas salvajes, de fiereza bestial, pero que han dejado muestras de sobriedad en sus costumbres, y tenacidad en la lucha por su independencia.
*Fuente: “Cántabros, un pueblo indómito”, Jesús Herran Ceballos.
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